Ignacio Gutiérrez Gómez: de esclavo a general de la Revolución Mexicana

En Tabasco, muchos hechos, procesos históricos y protagonistas de nuestra historia local, deben ser revisados y debemos reescribir su contenido; bajo la perspectiva de humanismo, debemos comprender nuestro pasado de una manera más científica; para despojar a la historia de Tabasco de las falsedades y apologías que construyó la historia oficial; para visibilizar al pueblo y a sus héroes en nuestra evolución histórica.

Gutiérrez Gómez: el rebelde

En Tabasco, en la historia de la Revolución Mexicana se hace referencia al general Ignacio Gutiérrez Gómez, como uno de sus precursores, por haberse levantado en armas ante el llamado de Madero y el Plan de San Luis y, por haber perdido la vida, un 22 de abril de 1911, al inicio de la Revolución y en el contexto la Batalla de Aldama. Pero, aunque los libros de historia de Martínez Assad, Taracena, Ortiz y Calzada señalen ese hecho, por lo general, la vida de Gutiérrez Gómez: sus vivencias, prácticas y relaciones sociales, ideales, etc., son ignorados año con año. Y con ello, se olvida el quehacer histórico de un tabasqueño que representa al pueblo y que fue un protagonista de nuestra historia local, un verdadero rebelde (de acuerdo a la caracterización que hace el historiador Eric Hobsbawm), que de ser montero y gañan, explotado en la selva y en la extracción de la madera, llegó a ser general revolucionario.
 
Ignacio Gutiérrez Gómez fue hijo de Clementina Gómez y Quirino Gutiérrez. Es un tabasqueño que creció en la selva, en campamentos de explotación de la madera, fue un hijo de la montería, que se crio en la servidumbre; como muchos tabasqueños, su existencia estuvo determinada por las decisiones de uno o varios amos, que antes y durante el porfiriato, establecieron monterías y extrajeron toda clase de maderas de las selvas tabasqueñas.
 
Nos dice José Coffin en su libro: El General Gutiérrez, que desde muy pequeño conoció veredas y caminos de la selva, aprendió a vivir de ella cazando animales y recolectando sus frutos. También nos dice Coffin, que Ignacio Gutiérrez conoció, pronunció y obedeció la palabra del amo, desde muy pequeño tuvo que trabajar sin recibir ningún centavo, para que su madre recibiera atención de un doctor, en el empleo más degradante de la montería: de gañan, cuya miserable vida transcurría entre insultos, ofensas, agresiones y explotación extrema. Al respecto, este autor dice: “En la monería no hay perro, no hay buey, tan maltratados como el gañan. En cada pulgada de su cuerpo presenta huellas de espinas, estancadas, latigazos, cornadas, patadas. Los mayordomos, boyeros y hasta las mujeres lo ofenden y le pegan…” (Coffin, 2010: 19)
 
Así, Gutiérrez Gómez fue explotado como gañan, en condiciones de esclavitud, por ocho años, tiempo que no alcanzó para cubrir la deuda de la consulta del médico que atendió, una solo vez, a su madre. De los 16 a los 20 años, vio como sus padres vivían en la pobreza, sus hermanos eran también explotados como gañanes, reducidos a la servidumbre y endeudados con el español Pancho Rubí. A los 20 años, Gutiérrez Gómez, siendo un analfabeto, se separó de su amo, tuvo varios empleos, hasta que se dedicó a trabajar en la montería como contratista, luego empezó a comercializar entre Huimanguillo, Cárdenas, Comalcalco, Paraíso y Campeche; se hizo de bienes y recursos, que le permitieron pagar las deudas de sus padres y hermanos, logrando liberarlos de la servidumbre del español que los explotaba.
 
Aprendió a leer y escribir a los 25 años de edad, a partir de ese momento, descubrió en los libros una fuente inagotable para conocer acerca de sus temas preferidos: la medicina, el derecho y la agricultura. Siendo ya un hombre próspero, con esposa e hijos, con propiedades y negocios que rebasaban las fronteras de Tabasco, se enfrentó a la estructura autoritaria y corrupta del porfiriato. En 1896, el jefe político de Cárdenas lo intentó extorsionar; después lo acusó de varios delitos, fue detenido, hecho prisionero y encarcelado. En esa vivencia, Gutiérrez Gómez también fue difamado, calumniado y reprimido; conoció la impunidad, la corrupción pública, el despojo, las injusticias y el ejercicio del poder despótico y autoritario por parte de los porfiristas.
 
Con esa experiencia, Ignacio Gutiérrez Gómez se convirtió en una figura moral en la Chontalpa tabasqueña, un protestante que recuperó su fortuna, negocios y se convirtió en un referente para los críticos de la dictadura del general Díaz. En ese contexto, simpatizó con los antirreleccionistas tabasqueños que fundaron el Club Liberal Melchor Ocampo en 1904; apoyó los comités para la conmemoración del Centenario del Natalicio de Benito Juárez en 1906; y participó en el movimiento político electoral que se empezó a oponer al presidente Díaz y al gobernador Bandala. Desde esa posición política fundó en 1909, lo que se conoce como el Partido Gutierrista y apoyó a Madero en su candidatura contra el general Díaz en 1910.
 
Hoy, hace 115 años murió el general de brigada Ignacio Gutiérrez Gómez, un hijo, hermano, esposo, amigo y padre, que nació, creció y desarrolló su vida dentro del pueblo, que intentó, desde la pobreza, vivir e incorporarse al status quo, a sus estructuras sociales, sus reglas de juego y sus instituciones; pero que el sistema porfirista lo reprimió, encarceló y lo discriminó; llamándolo revoltoso, sedicioso y rebelde. Mientras sus vivencias y experiencias, le permitían adquirir conciencia social hasta convertirse en un revolucionario.
 
En el presente, la vida y la obra de Gutiérrez Gómez, un hijo del pueblo, debe ser constantemente reivindicada, explicada y comprendida, como parte de un proceso, que en su conclusión nos enseñe como fue que el oriundo de Cárdenas, apoyó electoralmente a Madero, comulgó con el Plan de San Luis y se levantó en armas en diciembre de 1910. En ese ejercicio, debemos difundir que Gutiérrez Gómez integró y organizó a los revolucionarios de la Columna Liberadora, que en 1911 tomaron Huimanguillo, Cárdenas, parte de Cunduacán, Comalcalco y Paraíso.
 
Y finalmente, aunque los principales dirigentes y protagonistas de la Revolución Mexicana en Tabasco, reconocen al general Ignacio Gutiérrez Gómez como iniciador del movimiento armado; debemos elaborar una nueva investigación, más integral y completa, que articule su vida en los albores de la Revolución, no solo como un precursor e iniciador, sino como parte de la acción de un rebelde que luchó contra el porfirismo y representó a los sectores populares.
 
(Por el Mtro. Héctor Valencia Reyes)