El Quijote de 1732: un viaje de casi tres siglos hasta la UJAT

Hay libros que cuentan historias y hay otros cuya propia historia merece ser contada. Uno de ellos se encuentra en la Biblioteca "Francisco J. Santamaría" de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Se trata de un ejemplar de Vida, i hechos del ingenioso caballero D. Quixote de la Mancha, impreso en Sevilla en 1732, que durante muchos años formó parte de la biblioteca personal del maestro Francisco Javier Santamaría. Hoy es una de las joyas del Fondo Antiguo de la UJAT y un testimonio del compromiso universitario con la preservación del patrimonio bibliográfico.
Pensar en este libro es imaginar un largo viaje. Salió de una imprenta sevillana hace casi trescientos años, cruzó generaciones, sobrevivió al paso del tiempo y terminó en las manos de uno de los intelectuales más importantes que ha dado Tabasco. Hoy ese mismo ejemplar permanece resguardado en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, donde continúa escribiendo su historia.

Basta observar la portada para comprender que estamos frente a una obra extraordinaria. Ahí no aparece escrito Quijote, sino Quixote. Tampoco encontramos la conjunción "y", sino una "i". Incluso el nombre del autor se lee como Migvel de Cervantes Saabedra. No son errores. Así se escribía buena parte del español de aquella época, antes de que la ortografía comenzara a unificarse. Cada una de esas palabras es un pequeño testimonio de la evolución de nuestra lengua.
La portada también revela que se trata de una Nueva Ediccion, "corregida, ilustrada y añadida", enriquecida con treinta y cinco láminas y complementada con las composiciones de los llamados Académicos de la Argamasilla, recurso literario concebido por Cervantes y conservado por esta edición del siglo XVIII.

Detrás de esa portada también hay una historia editorial que merece ser conocida. El ejemplar que hoy resguarda la UJAT corresponde al Tomo Segundo de esa nueva edición del Quijote, impresa en 1732 en Sevilla por Manuel de la Puerta, quien en la propia portada se presenta como "Impresor de la Universidad". No fue una reimpresión más. La obra fue preparada con especial cuidado, revisada, ilustrada y enriquecida con nuevos contenidos, reflejando la importancia que el Quijote había alcanzado poco más de un siglo después de su primera publicación. Gracias al trabajo de aquellos impresores y artesanos del libro, esta edición logró perdurar casi trescientos años y hoy forma parte del patrimonio bibliográfico que la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco preserva para las nuevas generaciones.
Al recorrer sus páginas aparecen escenas que cualquier lector del Quijote reconoce de inmediato. Don Quijote enfrentando a los leones, Sancho Panza convertido en gobernador de la Ínsula Barataria, Altisidora y el propio Miguel de Cervantes ocupan un mismo grabado. No son ilustraciones colocadas al azar; ayudan al lector a entrar en la historia y muestran el esmero con el que fue concebida esta edición.
Pero quizá lo más valioso de este ejemplar no sea únicamente su antigüedad.
Este Quijote perteneció a Francisco Javier Santamaría.
Y ese detalle cambia por completo su historia.
Santamaría no sólo fue uno de los intelectuales más destacados de Tabasco; fue también uno de los grandes estudiosos del español en México. Su Diccionario de mejicanismos y el Diccionario General de Americanismos siguen siendo obras fundamentales para comprender la riqueza del español de nuestro país. Su prestigio lo llevó a formar parte de la Academia Mexicana de la Lengua, desde donde contribuyó al estudio y preservación de nuestro idioma.
Como buen bibliófilo, reunió durante décadas una biblioteca excepcional integrada por miles de obras de literatura, historia, derecho, geografía, lingüística y muchas otras disciplinas. Cada libro respondía a una búsqueda intelectual y formaba parte de un proyecto de vida dedicado al conocimiento.
Entre esos libros estaba este Quijote impreso en Sevilla en 1732.
Y no era el único relacionado con Cervantes. La colección de Santamaría también conservaba importantes estudios sobre la obra cervantina, como los escritos por Francisco Rodríguez Marín. Ello permite comprender que el Quijote ocupaba un lugar especial dentro de una biblioteca concebida para estudiar la lengua, la literatura y la cultura del mundo hispánico.
Con el paso del tiempo, aquella biblioteca dejó de ser un patrimonio privado para convertirse en un patrimonio universitario. Hoy la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco resguarda, organiza, estudia y difunde la Colección Especial Francisco J. Santamaría, permitiendo que investigadores, estudiantes y público en general conozcan uno de los acervos bibliográficos más importantes del sureste mexicano.
En esa colección, el Quijote de 1732 ocupa un lugar privilegiado. No sólo por haber sido impreso hace casi tres siglos, sino porque conserva algo que ningún libro moderno puede recuperar: la memoria de quienes lo tuvieron entre sus manos. Su papel, su tipografía, sus grabados y su antigua manera de escribir cuentan una historia que va mucho más allá de la novela de Cervantes.
Las universidades son espacios donde se genera conocimiento, pero también instituciones responsables de conservar la memoria documental de la humanidad. Cada libro antiguo preservado en sus bibliotecas amplía las posibilidades de investigación para las generaciones futuras y fortalece el vínculo entre el pasado y el presente.
Ese es el verdadero significado del ejemplar que resguarda la Biblioteca "Francisco J. Santamaría". No es solamente una edición rara ni un libro valioso por su antigüedad. Es un puente entre siglos; un vínculo entre Miguel de Cervantes, Francisco Javier Santamaría y la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco.
Cada vez que alguien abre sus páginas, ese viaje vuelve a comenzar.
Porque los grandes libros nunca dejan de hablar. Sólo esperan a que alguien los escuche.
05-07-2026 /DGCS