Tras la molécula: cuando lo natural también debe pasar por el laboratorio

En Tabasco, donde la diversidad vegetal forma parte de una larga tradición de conocimientos y prácticas medicinales, una pregunta cobra especial relevancia en los laboratorios universitarios: ¿qué hay realmente detrás de las propiedades curativas atribuidas a una planta?

La respuesta no se encuentra únicamente en la experiencia acumulada por generaciones. Para la ciencia, el camino comienza mucho antes de que una planta pueda considerarse una alternativa terapéutica: identificar sus componentes, aislar las moléculas responsables de determinadas propiedades, conocer cómo actúan en el organismo y, al mismo tiempo, establecer cuáles pueden ser sus efectos adversos.

Estos temas fueron abordados por investigadores de la División Académica de Ciencias Básicas (DACB) de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), durante la emisión del programa “La ciencia está en los detalles”, producida y transmitida por TV UJAT 35.1, en el episodio “Tras la molécula: ¿Natural o Sintético?”.

A lo largo de la emisión, los especialistas explicaron el proceso científico que permite pasar de la herbolaria al estudio de moléculas con potencial terapéutico, pero también de aquellas que pueden representar un riesgo para la salud. La investigación parte de una premisa fundamental: que una sustancia sea de origen natural no significa que sea necesariamente inocua.

El estudio de las plantas medicinales desarrollado por este grupo académico permite identificar, aislar y analizar los compuestos bioactivos relacionados con las propiedades que tradicionalmente se les atribuyen. Sin embargo, antes de pensar en una posible aplicación clínica, es necesario determinar su composición química y conocer sus perfiles toxicológicos.

La dosis también importa
El maestro en ciencias Romario Vázquez Cancino explicó que el uso extendido de especies como el culantro cimarrón (Eryngium foetidum) hace necesario contar con evidencia experimental que permita conocer sus efectos.
Una de las herramientas utilizadas en esta investigación son los análisis de toxicidad mediante el modelo (in vitro) de embriones de pez cebra, con el que se ha observado que determinados extractos vegetales pueden provocar alteraciones morfológicas o incluso mortalidad cuando se administran en dosis no estandarizadas.

El hallazgo permite dimensionar una de las principales diferencias entre el uso tradicional de una planta y un medicamento desarrollado bajo criterios farmacológicos: mientras una preparación casera puede presentar variaciones en la cantidad de principios activos, un fármaco requiere concentraciones definidas y un comportamiento previamente estudiado.

La maestra en ciencias Luz Elena Bautista Hernández abordó esta problemática a partir del estudio del chipilín (Crotalaria longirostrata), una especie autóctona cuya evaluación mediante modelos experimentales con ratones (modelos murinos) permite analizar la relación entre eficacia y toxicidad.

En este punto cobra especial relevancia una de las premisas fundamentales de la farmacología: la dosis hace al veneno. Una sustancia puede producir determinados efectos en una concentración y generar consecuencias distintas cuando ésta aumenta o disminuye.

El consumo de infusiones y otras preparaciones caseras carece de la estandarización precisa que caracteriza a los medicamentos comerciales. Por ello, el hecho de que una planta haya sido utilizada tradicionalmente no permite establecer por sí mismo cuál es la dosis segura ni descartar posibles efectos adversos.

Cuando lo natural se combina con lo sintético
La investigación también pone atención en un escenario frecuente: la combinación de remedios herbolarios con tratamientos farmacológicos.

El químico farmacéutico biólogo Limberg Cruz Lara advirtió sobre las desventajas de combinar libremente ambos productos debido a la posibilidad de que se produzcan interacciones químicas desfavorables.

La idea de que un remedio tradicional, por ser natural, puede consumirse junto con cualquier medicamento parte de una percepción que la investigación científica busca revisar. Las moléculas presentes en una planta pueden interactuar con los principios activos de un fármaco y modificar su respuesta en el organismo.

Por ello, estudiar los productos naturales no significa descalificar la medicina tradicional. El propósito es generar evidencia que permita conocer qué compuestos poseen actividad biológica, cómo actúan, en qué concentraciones pueden ser útiles y cuáles son sus posibles riesgos.

De la planta a la molécula
El trabajo desarrollado en la DACB plantea, además, una alternativa para aprovechar el conocimiento obtenido a partir de las especies vegetales sin depender necesariamente de su extracción permanente.

La síntesis química de flavonoides en laboratorio representa una vía para obtener moléculas bioactivas con potencial antihipertensivo y, al mismo tiempo, disminuir la presión sobre especies vegetales nativas que podrían verse afectadas por una explotación excesiva.

De esta manera, la investigación establece un vínculo entre biodiversidad, química aplicada y farmacología. El interés científico deja de concentrarse únicamente en la planta y se desplaza hacia la molécula: identificarla, conocer su estructura, estudiar su actividad y determinar si puede convertirse en una alternativa con posibilidades terapéuticas.

A este proceso se incorporan también nuevas tecnologías. Entre ellas se encuentra la impresión 3D para la fabricación de tabletas, una herramienta que abre la posibilidad de desarrollar, en el futuro, medicamentos personalizados de acuerdo con las necesidades particulares de cada paciente.
Ciencia que cruza disciplinas
Determinar las posibilidades de una molécula requiere más que un solo experimento. En los laboratorios de la DACB convergen distintas metodologías que permiten estudiar los compuestos desde diferentes perspectivas.

Las herramientas de química computacional y los modelos (in silico) permiten analizar determinados comportamientos moleculares mediante simulaciones; los ensayos (in vitro) posibilitan estudiar respuestas en condiciones controladas; los modelos (ex vivo) permiten observar tejidos o sistemas biológicos, mientras que los estudios (in vivo) aportan información sobre la respuesta dentro de organismos vivos.

La combinación de estas metodologías permite construir una visión integral del comportamiento de los compuestos y avanzar desde la identificación de una molécula hasta la evaluación de sus posibles efectos biológicos y toxicológicos.

La investigación cambia así la perspectiva sobre la herbolaria. No se trata de colocar lo tradicional frente a lo sintético como opciones opuestas, sino de someter el conocimiento empírico a procesos científicos capaces de determinar sus alcances y limitaciones.

La biodiversidad de Tabasco representa un importante reservorio de moléculas que todavía pueden ser estudiadas. Pero transformar ese patrimonio natural en conocimiento útil para la sociedad exige mucho más que identificar una planta y atribuirle propiedades medicinales: requiere química, farmacología, toxicología y modelos experimentales que permitan respaldar cada conclusión con evidencia.

Ese es, finalmente, el trayecto tras la molécula: pasar del conocimiento empírico a la evidencia, de la planta al compuesto y de una posibilidad terapéutica a una alternativa respaldada científicamente.

Con estas líneas de investigación, la UJAT fortalece la formación de recursos humanos de alto nivel y promueve el aprovechamiento responsable del patrimonio natural, bajo una premisa esencial para cualquier avance en materia de salud: antes de afirmar que algo puede curar, la ciencia debe demostrar qué hace, cómo lo hace y qué riesgos implica.


10-08-2026 /DGCS