El lugar donde el cacao cuenta a Tabasco

Hay aromas que tienen memoria.

El del cacao es uno de ellos. Basta percibirlo para que algo antiguo aparezca en la imaginación: la sombra de una hacienda, el fruto recién abierto, las manos que separan la semilla, el chocolate servido en una taza. En Tabasco, ese aroma tiene además un significado particular. Está ligado a la tierra, a la alimentación, al trabajo, a la economía y a una manera de reconocernos como pueblo.

Quizá por eso, cuando se habla de cacao en Tabasco, no se habla solamente de un cultivo.
Se habla de identidad.

Durante mucho tiempo, sin embargo, el estado no contó con un espacio que reuniera y mostrara esa riqueza histórica y cultural. Una historia que comienza mucho antes de que el chocolate se convirtiera en una industria y que atraviesa la vida cotidiana de los tabasqueños.

La idea de llenar ese vacío surgió en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. El rector Guillermo Narváez Osorio impulsó la creación de la Casa Universitaria Cacao y Chocolate con una premisa sencilla, pero de enorme significado: si el cacao forma parte de lo que somos, también merece un lugar desde donde pueda ser contado a las nuevas generaciones y compartido con quienes llegan a Tabasco.

El 18 de diciembre de 2023 abrió sus puertas.

Pero no abrió un museo.

Abrió una experiencia.

En el corazón del Barrio Mágico de Villahermosa, a unos pasos de la Catedral del Señor de Tabasco, la Casa propone una manera distinta de acercarse al cacao. Aquí la historia no permanece encerrada detrás de una vitrina. Se mueve, cambia de escenario y se vuelve sensorial.

El visitante puede encontrarse, desde el centro de la ciudad, con una hacienda virtual construida en el metaverso. Puede descubrir elementos tridimensionales, recorrer digitalmente distintas etapas de la producción y dejarse llevar por una huella olfativa que conduce por la cadena del cacao.

Después, las paredes parecen desaparecer.
En la Sala Inmersiva, las imágenes ocupan el espacio entero y el visitante queda rodeado por un paisaje digital de 360 grados. La luz, el sonido y los aromas construyen una memoria que no necesariamente pertenece a quien está ahí, pero que consigue despertar la sensación de haber estado alguna vez en una hacienda antigua.
Es una forma contemporánea de contar una historia milenaria.

Y esa historia ha comenzado a viajar.
Desde aquel diciembre de 2023, 14 mil 300 personas han cruzado las puertas de CACHACACAO. Han llegado de Australia, Islas Mauricio, Nueva Zelanda, Japón, China e Indonesia; de Francia, Inglaterra, Rusia y otros países europeos; de prácticamente toda Latinoamérica, además de Estados Unidos y Canadá.

Muchos llegaron buscando conocer el cacao.
Terminaron encontrándose con Tabasco.

El cacao, de esta manera, dejó de ser únicamente el hilo conductor de una experiencia para convertirse también en un punto de encuentro.
Y quizá ahí está una de las claves de este espacio.
Una universidad que abre una casa para contar el cacao termina abriendo también una ventana para contar a Tabasco.

Porque detrás de cada semilla hay una historia de territorio. Detrás de cada taza de chocolate hay una tradición. Detrás de cada hacienda permanece la memoria de generaciones que hicieron del cacao una forma de vida.

El cacao forma parte de nuestra historia.
CACHACACAO intenta que esa historia no se quede atrás.
La convierte en imágenes, aromas, sonidos, conocimiento y encuentros.
Porque algunas veces preservar el patrimonio no significa guardar las cosas.
Significa hacer que vuelvan a sentirse vivas.


23-08-2026 /DGCS