Francesc Torralba

Hay momentos en los que una universidad necesita detenerse para escuchar. No necesariamente para encontrar respuestas inmediatas, sino para formular mejor las preguntas. En una época marcada por el ruido, la velocidad y la incertidumbre, hablar de escucha, diálogo, ética y esperanza adquiere una dimensión que rebasa las aulas.
Es desde ese territorio donde Francesc Torralba Roselló volverá a encontrarse con la comunidad de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT), institución que en 2025 le confirió el Doctorado Honoris Causa por sus contribuciones al pensamiento y su compromiso con los valores humanos.
Su regreso no ocurre como el de un visitante que llega, ofrece una conferencia y se marcha. Hay ya una relación construida. Torralba vuelve a una universidad que lo reconoció, pero también a una comunidad con la que ha establecido un diálogo intelectual. Y lo hace para continuar una conversación que toca algunos de los grandes desafíos de la vida universitaria y social.
Galardonado con el Premio Josep Pla 2026, llega a Tabasco con Anatomía de la esperanza, su más reciente libro, y con dos conferencias que parecen dialogar entre sí: “El arte de saber escuchar: Ética del diálogo universitario” y “La ética de las organizaciones: Retos para la universidad y la sociedad”.
Doctor en Filosofía, Teología y Pedagogía, catedrático en prestigiadas universidades, director de la Cátedra de Pensament Cristià del Obispado de Urgell y académico de número de la Real Academia Europea de Doctores, Torralba ha construido una obra extensa que transita por la ética, la espiritualidad, la educación y el sentido de la existencia.
Más de un centenar de libros y mil 500 artículos dan cuenta de una producción intelectual que, sin embargo, no se limita a la acumulación de conocimiento. Una constante atraviesa buena parte de su pensamiento: la necesidad de interrogar aquello que parece evidente.
Su primera conferencia estará dirigida principalmente a los estudiantes y tendrá como tema el arte de saber escuchar.
En apariencia, escuchar podría parecer una acción sencilla. Sin embargo, hacerlo verdaderamente implica reconocer al otro, aceptar que no poseemos toda la verdad y estar dispuestos a modificar nuestra propia mirada.
En la vida universitaria, donde convergen disciplinas, generaciones y formas distintas de comprender la realidad, esa capacidad adquiere un valor particular. El diálogo no consiste solamente en hablar y responder: supone la disposición de comprender antes de juzgar.
Torralba ha planteado que la ética está relacionada con aquello que consideramos valioso y con las razones que tenemos para defenderlo.
De ahí que escuchar al otro sea también una forma de reconocer su valor.
La reflexión se trasladará después al terreno de las organizaciones. Su segunda conferencia abordará los retos éticos que enfrentan la universidad y la sociedad, llevando la discusión desde las decisiones individuales hacia los espacios colectivos.
La pregunta de fondo es sencilla, aunque sus respuestas no lo sean: ¿cómo construir organizaciones donde la eficiencia no termine desplazando a la persona?
Entre ambas conferencias aparece Anatomía de la esperanza.
El título del libro parece resumir una de las preocupaciones más profundas de Torralba: comprender qué sostiene al ser humano cuando las certezas desaparecen.
Su aproximación a la esperanza no es ingenua. Está atravesada por la experiencia del dolor y por una reflexión personal que alcanzó una dimensión particularmente profunda después de la muerte de su hijo, experiencia que dio origen a No hay palabras. Asumir la muerte de un hijo.
Desde entonces, sus reflexiones sobre la espiritualidad, la fe, el sufrimiento y el sentido de la existencia han adquirido una dimensión humana que conecta con personas más allá de los ámbitos estrictamente académicos.
La presencia de Torralba tiene, sin embargo, otra lectura para la UJAT.
Una universidad puede reconocer a un académico con una medalla, un pergamino y un título honorífico. Pero el verdadero sentido de un Doctorado Honoris Causa puede encontrarse también en lo que ocurre después de la ceremonia: en la relación que permanece, en las ideas que siguen circulando y en las nuevas conversaciones que ese vínculo hace posibles.
Eso es lo que representa el regreso de Torralba.
El filósofo español no vuelve solamente para recibir nuevamente el reconocimiento que ya obtuvo. Regresa para poner su pensamiento en contacto con estudiantes, profesores y personal universitario; para presentar su obra; para dialogar y para abrir nuevas preguntas.
Torralba se ha convertido en un aliado intelectual de la UJAT, con presencia y participación en su vida universitaria, lejos de cualquier condición meramente protocolaria.
30-08-2026 /DGCS