Tres años de Wanha’: la ciencia de la UJAT revela el pasado y proyecta el futuro del río San Pedro

A tres años de que el río San Pedro y su entorno fueran declarados Reserva de la Biosfera Wanha’, una investigación desarrollada por científicos de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT) aporta nueva evidencia sobre la transformación ambiental de este territorio y plantea escenarios de recuperación hacia 2034. El estudio, basado en el análisis de imágenes aéreas y satelitales de diferentes periodos, revela que la selva alta perennifolia, que alguna vez dominó buena parte de la superficie analizada, actualmente representa menos del uno por ciento, en un proceso de transformación asociado principalmente con la expansión de las actividades agropecuarias.

La coincidencia adquiere especial relevancia porque este 31 de agosto se cumplen tres años de la publicación en el Diario Oficial de la Federación del decreto que declaró a Wanha’ como Reserva de la Biosfera, con una superficie de 38 mil 255.64 hectáreas en los municipios de Balancán y Tenosique. La propia declaratoria reconoce que el estudio previo justificativo para establecer esta Área Natural Protegida fue elaborado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, a través de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, en colaboración con la UJAT.

En este contexto, los nuevos resultados científicos adquieren una dimensión que trasciende el diagnóstico ambiental. Permiten observar, con evidencia cuantitativa, cómo ha cambiado el territorio a lo largo de casi ocho décadas y, al mismo tiempo, ofrecen elementos para pensar qué puede ocurrir en los próximos años si se aplican acciones de conservación, ordenamiento y restauración.

La investigación realizada por profesores e investigadores de la División Académica de Ciencias Biológicas (DACBiol) reconstruyó la dinámica de la cobertura vegetal mediante una evaluación multitemporal que consideró fotografías aéreas e imágenes satelitales correspondientes a 1947, 1984, 2000 y 2024. El análisis permitió documentar la reducción sistemática de las masas arboladas nativas y evidenciar el desplazamiento de la vegetación original ante la expansión de las actividades agropecuarias.

Más que una fotografía estática del territorio, la investigación ofrece una lectura de su transformación. Los datos muestran que la selva alta perennifolia, ampliamente dominante a mediados del siglo XX, ha sufrido una reducción severa y hoy se encuentra por debajo del uno por ciento de la superficie total analizada. El resultado permite dimensionar científicamente la magnitud de los cambios registrados en la cuenca baja del río San Pedro.

Pero el hallazgo no se limita a documentar la pérdida. Una de las aportaciones más importantes del estudio se encuentra en la modelación de escenarios hacia 2034, cuyos resultados indican que la trayectoria de degradación ambiental no necesariamente es irreversible. Bajo determinadas condiciones, la pérdida de cobertura vegetal puede atenuarse y orientarse hacia parámetros de recuperación funcional, siempre que se instrumenten de manera oportuna políticas públicas integrales y acciones técnico-científicas de ordenamiento y restauración.

Para llegar a estos resultados fue indispensable sumar capacidades. La investigación demuestra que el conocimiento de un territorio de esta complejidad no puede depender de una sola disciplina ni de la mirada aislada de un investigador. Requiere integrar distintas especialidades, métodos y fuentes de información para construir una explicación científica capaz de reflejar la realidad ambiental y social de una región.
En ese trabajo colaborativo, el doctor Miguel Ángel Palomeque de la Cruz, profesor e investigador de la DACBiol, explicó la importancia del río San Pedro como corredor biológico para la conectividad ecológica del sureste mexicano.

Su aportación permitió incorporar al diagnóstico la dimensión de la conectividad y, de manera particular, la necesidad de combinar la precisión de las imágenes satelitales con el conocimiento empírico de las poblaciones locales para obtener una lectura territorial socioecológicamente congruente.
A su vez, la doctora Tania Gudelia Núñez Magaña explicó el valor de la percepción remota y del procesamiento numérico de los datos satelitales para distinguir las características de las diferentes coberturas del suelo. La información obtenida mediante estas herramientas permite generar cartografía especializada y convertir la observación del territorio en datos cuantificables que pueden respaldar decisiones de planificación ambiental y manejo de los recursos naturales.
El doctor Adalberto Galindo Alcántara incorporó al estudio la perspectiva hidrológica. Su análisis destaca que las inundaciones periódicas de las planicies tabasqueñas no deben entenderse únicamente como fenómenos adversos, sino como pulsos ecológicos naturales que intervienen en la sedimentación, la nutrición de los suelos y la permanencia de humedales y selvas bajas. De acuerdo con el estudio, la vegetación secundaria y las coberturas remanentes todavía preservan cerca del 40 por ciento del territorio de la cuenca, lo que hace necesario evitar alteraciones que modifiquen de manera significativa el ciclo hidrológico.
Las diferentes especialidades convergen en un mismo propósito: convertir información científica dispersa en una herramienta útil para la conservación. De esa colaboración surgió también un modelo multicriterio de aptitud territorial, construido mediante esquemas participativos con habitantes de la región. La herramienta integra variables biológicas, físico-geográficas y sociales para delimitar cartográficamente las áreas con mayor vocación para la conservación biológica y la restauración ecológica.
Es precisamente en esta integración donde se encuentra uno de los valores más importantes del proyecto. La investigación científica adquiere mayor capacidad para incidir en problemas reales cuando el trabajo individual se transforma en conocimiento colectivo. La percepción remota aporta precisión; la biología permite interpretar los ecosistemas; la hidrología explica los procesos naturales; el conocimiento de las comunidades incorpora la experiencia del territorio; y la modelación convierte toda esa información en escenarios y herramientas para la toma de decisiones.
El resultado es un diagnóstico que no se queda en el ámbito académico. La evidencia generada puede incorporarse a los instrumentos formales de ordenamiento territorial de Balancán y de Tabasco, orientando la expansión de las actividades productivas de manera compatible con la conservación de las áreas de mayor valor biológico y con la permanencia de los servicios ecosistémicos que presta la región.
La relevancia de esta investigación también se entiende a la luz de la historia reciente de Wanha’. La Reserva de la Biosfera abarca la longitud del río San Pedro y conserva ecosistemas como selvas, vegetación hidrófila y manglares, además de una importante diversidad de fauna y sitios de valor cultural. La Conanp reconoce al río como un ecosistema relicto de características singulares.
La declaratoria de 2023 representó, por ello, un paso fundamental para garantizar la protección de este patrimonio natural. Pero tres años después, los resultados de la investigación muestran que declarar una zona protegida es apenas una parte del desafío. La conservación requiere conocimiento permanente, seguimiento científico, participación social y decisiones sustentadas en evidencia.
En ese sentido, la investigación de la UJAT bajo el liderazgo del Doctor Carlos Burelo Ramos, aporta una herramienta para pasar de la protección jurídica a una gestión sustentada en información científica. Los resultados permiten mirar hacia atrás para comprender la magnitud de la transformación que ha sufrido el territorio, pero también hacia adelante, con escenarios que muestran que todavía existen posibilidades de recuperación.
Tres años después de la creación de Wanha’, el río San Pedro vuelve a colocarse frente a la ciencia. Esta vez, no solamente para documentar lo que se ha perdido, sino para identificar lo que aún puede conservarse y restaurarse. Y en esa tarea, el trabajo conjunto de investigadores, comunidades e instituciones aparece como una condición indispensable: comprender un territorio es el primer paso para protegerlo, pero unir capacidades y conocimiento es lo que permite construir alternativas para su futuro. (ADS)
31-08-2026 /DGCS