Científicas de la UJAT descifran los misterios de las tortugas tabasqueñas para su conservación

Rompecabezas biológicos, dietas de alta tecnología y alianzas estratégicas con productores locales son parte de la trinchera científica que la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT) ha desarrollado para proteger a la tortuga blanca y la hicotea, por lo que las profesoras investigadoras de la División Académica de Ciencias Biológicas (DACBiol), Claudia Elena Zenteno Ruiz y Judith Andrea Rangel Mendoza, lideran un esfuerzo por entender, reproducir y conservar a estas dos especies emblemáticas de la región.

A través de la Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA) y del Centro de Investigación para la Conservación de Especies Amenazadas (CICEA) de la DACBiol, la responsable del área de tortugas trabaja en la protección de la especie Dermatemys mawii (tortuga blanca), la cual figura entre las 25 más amenazadas del planeta y cuya distribución natural se reduce casi exclusivamente al sureste mexicano. 

Explica que conocer a fondo su biología es como armar un gigantesco rompecabezas donde cada investigador aporta una pieza. Desde el año 2010, este refugio universitario no solo resguarda a los ejemplares bajo estrictos protocolos de protección, sino que se ha convertido en un semillero de datos genéticos y reproductivos cruciales que hoy alimentan estrategias de conservación a escala internacional, sumando esfuerzos con países vecinos como Guatemala.

Por su parte, la investigadora Judith Andrea Rangel Mendoza dirige un innovador proyecto enfocado en la especie Trachemys venusta (tortuga hicotea), de profundo arraigo cultural y gastronómico en la región. En lugar de prohibir su consumo, el equipo científico está diseñando alternativas de aprovechamiento sustentable mediante la creación de alimentos balanceados en forma de pellets. Al colaborar directamente con granjas locales, las investigadoras buscan optimizar el crecimiento de los animales, reducir los tiempos de crianza en cautiverio y aliviar la presión de la sobre captura.

Consideró que detrás de cada éxito en la UMA-CICEA hay un ejército invisible pero indispensable: los estudiantes universitarios, porque al tratarse de organismos vivos, el cuidado no conoce de horarios ni de periodos vacacionales. 

Para los jóvenes de licenciatura y posgrado, involucrarse en este espacio significa un bautizo de fuego profesional donde prestan servicio social, realizan tesis o colaboran como voluntarios. Ahí, los futuros biólogos experimentan el pulso real de la conservación, enfrentándose a los retos de la investigación de campo y entendiendo que la ciencia aplicada es la mejor herramienta para tomar decisiones informadas.

Al final, como bien apuntan las académicas, proteger la biodiversidad no significa ponerle candados a la naturaleza, sino aprender a convivir con ella de forma inteligente. Con una mezcla de educación ambiental para las nuevas generaciones, transferencia tecnológica para los productores y rigor científico en cada análisis, la UJAT demuestra que el conocimiento universitario no se queda rezagado en los libros, sino que late con fuerza para garantizar que el legado natural de Tabasco siga nadando hacia el futuro.

 

17-09-2026 / TEPM