Más allá del mito: el papel del tlacuache en la biodiversidad de Tabasco

En Tabasco muchos lo conocen como zorro cola pelada. Su aparición durante la noche, entre los árboles, sobre una barda, en un patio o al cruzar alguna calle, suele despertar curiosidad, pero también temor. Su hocico alargado y característica cola desnuda hacen que algunas personas lo confundan con una rata de gran tamaño. Sin embargo, detrás de esa imagen familiar para los tabasqueños se encuentra un mamífero singular: el tlacuache, un marsupial que forma parte de la biodiversidad regional y cuya presencia demanda conocimiento, respeto y protección.

¿Qué sabemos realmente del zorro cola pelada que aparece en entornos urbanos y áreas boscosas? ¿Por qué se acerca a las viviendas? ¿Representa algún peligro o su mala reputación proviene del desconocimiento? Estas interrogantes fueron abordadas en “Tlacuaches: más allá del mito”, emisión del programa Latente: investigando la biodiversidad, producido por Neil Morales y transmitido por TV UJAT 35.1, donde especialistas de la División Académica de Ciencias Biológicas (DACBiol) explicaron sus características, comportamiento e importancia ecológica.

La ciencia permite establecer una diferencia fundamental: el tlacuache no es un roedor. Pertenece al grupo de los marsupiales, mamíferos cuyas crías nacen en una etapa temprana de desarrollo y continúan creciendo y alimentándose junto al cuerpo de la madre. Alba Zulema Rodas Martínez, profesora e investigadora de la DACBiol, explicó que bajo el nombre común de tlacuache se agrupa una diversidad de mamíferos marsupiales y que en Tabasco predominan Didelphis virginiana y Didelphis marsupialis.

Su capacidad de adaptación está relacionada con su alimentación. Rosi Álvarez, pasante de la Licenciatura en Biología, señaló que son animales omnívoros cuya dieta incluye frutos, semillas e insectos, además de consumir ocasionalmente carroña. Esta variedad les permite participar en diferentes procesos ecológicos y contribuir al control natural de organismos cuyas poblaciones pueden aumentar en ambientes rurales o urbanos.

Su anatomía aporta otras claves. El dedo oponible de las extremidades posteriores y la cola prensil facilitan su desplazamiento y capacidad para trepar, características particularmente útiles en ambientes arbolados. Sin embargo, los tlacuaches también logran desenvolverse en espacios periurbanos, donde encuentran alimento y refugio.

Observar un zorro cola pelada cerca de una vivienda no significa necesariamente estar ante una plaga. La pérdida y fragmentación de los hábitats naturales favorecen el acercamiento de la fauna silvestre a zonas habitacionales y un mayor contacto con las personas. En esa convivencia surge uno de sus principales riesgos: el desconocimiento. La idea de que es un animal agresivo, su confusión con roedores o el temor a enfermedades pueden generar rechazo, persecución y maltrato.

Conocer qué come, cómo se desplaza, dónde se refugia y por qué aparece en determinados espacios permite comprender que su presencia está relacionada con procesos ecológicos y con las transformaciones provocadas por las actividades humanas. El encuentro nocturno con un tlacuache se convierte así en una oportunidad para observar cómo la fauna silvestre se adapta a un territorio cada vez más intervenido.

En este contexto cobra relevancia la investigación desarrollada por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. El Laboratorio de Ecología y Fisiología de Mamíferos de la DACBiol acumula cerca de una década de trabajo en proyectos relacionados con el crecimiento, fisiología, nutrición y capacidad de adaptación de estos organismos, tanto en cautiverio como en libertad.

A este esfuerzo se suma el Área de Vinculación y Experimentación (AVE), destinada al seguimiento biológico de ejemplares rescatados y a generar información que respalde su eventual reintegración a los ecosistemas silvestres. El estudio permite conocer mejor a especies que comparten territorio con las poblaciones humanas y las presiones que enfrentan conforme sus hábitats se transforman.

Ahí radica una de las aportaciones científicas de la Universidad: generar conocimiento desde Tabasco sobre su propia biodiversidad. Investigar especies del entorno regional permite comprender procesos ecológicos del sureste mexicano y formar estudiantes en el estudio, manejo y conservación de fauna silvestre. Ese conocimiento tiene también una dimensión social porque puede modificar la forma en que las personas reaccionan ante estos animales.

Cuando un tlacuache aparece herido o vulnerable, las especialistas recomendaron evitar su manipulación directa y recurrir a autoridades como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) o Protección Civil. La protección comienza también por saber cómo actuar.

La investigación universitaria trasciende así los laboratorios. Generar conocimiento, formar investigadores y divulgar resultados establece un vínculo entre ciencia y sociedad. Latente: investigando la biodiversidad cumplió esa función al llevar a las audiencias de TV UJAT 35.1 el conocimiento compartido por especialistas y convertirlo en información accesible para comprender y proteger la fauna regional.

El zorro cola pelada representa mucho más que una especie de hábitos nocturnos. Su estudio permite observar los efectos de la transformación de los ecosistemas y reflexionar sobre la convivencia con los animales silvestres. Para la UJAT, investigarlo significa aportar conocimiento sobre la biodiversidad de Tabasco y contribuir a una sociedad mejor informada sobre su patrimonio natural.

Así, cuando un tlacuache aparece entre las ramas, camina sobre una barda o atraviesa silenciosamente un patio durante la noche, la ciencia ofrece otra manera de mirarlo. Detrás de su peculiar hocico y cola desnuda existe una especie con una función en el ecosistema. Conocer al zorro cola pelada significa también aprender a protegerlo.


21-09-2026 / ADS