El periodismo, memoria de Tabasco, en una colección histórica

Un periódico nace con una aparente condena: envejecer al día siguiente. La noticia que hoy ocupa la primera plana mañana cede su espacio a otra; los personajes cambian, los acontecimientos se suceden y aquellas hojas terminan dobladas, archivadas o, muchas veces, perdidas. Sin embargo, cuando sobreviven al tiempo ocurre algo extraordinario: dejan de contar solamente lo sucedido y comienzan a explicar quiénes fuimos.
En Tabasco, una parte importante de esa memoria permanece resguardada en nuestra biblioteca histórica José Martí, donde la Colección Hemerográfica Ángel Pacheco Morgadanes conserva periódicos y revistas que permiten recorrer diferentes momentos de la vida política, social y cultural de la entidad.
El nombre que identifica este acervo pertenece también a la historia del periodismo tabasqueño. Ángel Pacheco Morgadanes ejerció el oficio durante las primeras décadas del siglo XX. Existen registros que lo ubican como jefe de redacción de Charleston, semanario de caricaturas y variedades que circulaba en Villahermosa durante los años veinte, y posteriormente como director de Redención, publicación vinculada con uno de los periodos políticos más intensos de la historia contemporánea de Tabasco.

Más allá del personaje, lo fascinante se encuentra en las páginas que han sobrevivido.
La colección reúne publicaciones locales desde el siglo XIX y ejemplares de La Reforma, El Progreso, Revista Azul, Alfa y Alba, además de Redención y colecciones de periódicos que marcaron etapas posteriores del periodismo tabasqueño, entre ellos Presente, Rumbo Nuevo y Avance. Entre los documentos preservados se encuentra también El Demócrata, cuyo ejemplar más antiguo resguardado data de 1861.
Detenerse frente a una página impresa hace más de siglo y medio significa algo más que observar una antigüedad. Es acercarse al presente de quienes vivieron entonces.
En aquellos periódicos quedaron decisiones de gobierno, disputas políticas, acontecimientos sociales, expresiones culturales, anuncios comerciales, personajes y episodios cotidianos que difícilmente encontraron espacio en los grandes relatos históricos. Ahí están las preocupaciones de una sociedad, pero también su lenguaje, sus costumbres y su manera de mirar el mundo.
El historiador trabaja muchas veces con aquello que el periodista escribió sin imaginar que algún día sería utilizado para reconstruir una época. El reportero busca explicar el acontecimiento inmediato; el paso de los años convierte aquella narración en testimonio.
Esta dimensión histórica del oficio adquiere particular significado cuando apenas el pasado 30 de septiembre la Asociación Tabasqueña de Periodistas celebró 70 años de existencia. Fundada en 1956 por 32 comunicadores, la ATP ha acompañado durante siete décadas una parte importante de las transformaciones del periodismo estatal.
La celebración tuvo como escenario el Instituto Juárez, donde el rector Guillermo Narváez Osorio planteó una reflexión que enlaza aquel periodismo conservado en las hemerotecas con el que hoy enfrenta un escenario dominado por la inmediatez, las redes sociales y el desarrollo de la inteligencia artificial.
Distinguir entre información, opinión, manipulación y falsedad, señaló, constituye uno de los grandes desafíos actuales. Frente a ello, reivindicó la vigencia del periodismo profesional sustentado en la obligación ética de buscar, contrastar y contextualizar los hechos.
“El periodismo nunca termina de conquistar su credibilidad. Tienen que ganársela todos los días”, expresó.
La frase adquiere otra dimensión cuando se recorren las páginas de una hemeroteca. También aquellos periodistas tuvieron que construir su credibilidad frente a los lectores de su tiempo. Sus herramientas eran distintas; los principios esenciales del oficio no tanto. Lo que ha cambiado radicalmente son los soportes.
La Biblioteca José Martí, inaugurada originalmente en 1944 e incorporada posteriormente al patrimonio universitario, se convirtió con el tiempo en depositaria de una parte significativa de ese legado. Sus colecciones fueron enriqueciéndose mediante adquisiciones, rescates y donaciones de ciudadanos que comprendieron que conservar un periódico significaba preservar una parte de la memoria colectiva.
Pero el papel tiene un adversario inevitable: el tiempo. La humedad, los microorganismos, la manipulación y el envejecimiento natural deterioran documentos que, en algunos casos, cuentan con muy pocos ejemplares disponibles. Por eso preservar ya no significa solamente guardar. También significa digitalizar.
La UJAT, a través de la Dirección General de Bibliotecas en coordinación con la Dirección de Tecnologías de la Información, desarrolla actualmente un proyecto para preservar y digitalizar la Colección Especial Ángel Pacheco Morgadanes. El proceso permitirá obtener imágenes digitales de los ejemplares para posteriormente integrarlas a una plataforma especializada, facilitar su consulta y reducir la manipulación física de materiales particularmente frágiles.
Hay una paradoja extraordinaria en ello.
La tecnología que transformó radicalmente al periódico impreso es ahora una de las herramientas que pueden salvar su memoria.
Los periodistas que hace cien años recorrían las calles de San Juan Bautista o Villahermosa buscando información no imaginaron que sus notas podrían ser consultadas algún día desde una pantalla. Mucho menos podían prever un mundo en el que una información pudiera recorrer el planeta en segundos o en el que una inteligencia artificial fuera capaz de producir textos, imágenes y voces.
Pero tampoco nosotros sabemos con certeza cómo será consultado dentro de cien años el periodismo que hacemos hoy. Ahí aparece un nuevo desafío. Durante generaciones, buena parte de la memoria periodística quedó depositada sobre papel. Hoy millones de noticias nacen y circulan exclusivamente en sitios electrónicos, redes sociales y plataformas digitales. Preservar los periódicos antiguos es indispensable; conservar la memoria del periodismo digital será la siguiente tarea.
Setenta años de la ATP, más de siglo y medio de publicaciones conservadas en la colección Ángel Pacheco Morgadanes y una nueva generación de herramientas tecnológicas terminan encontrándose en una misma pregunta: ¿qué permanecerá de aquello que hoy llamamos noticia? Probablemente mucho más de lo que imaginamos.
04-10-2026 /DGCS