Tortugas de Tabasco: una tradición en riesgo

Durante generaciones, el pochitoque, la hicotea, el guao y la tortuga blanca han formado parte de la alimentación y las costumbres de numerosas familias tabasqueñas. Su presencia en los mercados y las cocinas tradicionales era tan habitual que difícilmente se pensaba en la posibilidad de que algún día comenzaran a escasear. Sin embargo, la transformación de los humedales, los cambios en el uso del suelo y la captura excesiva han puesto en riesgo la supervivencia de algunas de estas especies, cuya reproducción y crecimiento requieren condiciones ambientales particulares.

Esta problemática fue abordada por las doctoras Claudia Elena Zenteno Ruiz y Judith Rangel Mendoza, investigadoras de la División Académica de Ciencias Biológicas de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, durante el programa LATENTE: investigando la biodiversidad, de TV UJAT, en la emisión denominada Tortugas de Tabasco: entre su conservación y la tradición. Las especialistas explicaron los trabajos científicos orientados a conocer los procesos reproductivos de estos reptiles y desarrollar alternativas para su aprovechamiento sustentable, sin continuar afectando a las poblaciones silvestres.

Tabasco alberga nueve especies de tortugas de agua dulce, entre ellas el pochitoque común (Kinosternon leucostomum), el pochitoque jahuactero (Kinosternon acutum), el pochitoque tres quillas (Kinosternon cruentatum), la tortuga blanca (Dermatemys mawii), el guao (Staurotypus triporcatus) y la hicotea (Trachemys venusta). A esta diversidad se suman la mojina, el taimán y el chiquiguao, especies que cumplen distintas funciones dentro de los ecosistemas acuáticos y cuya permanencia depende de la conservación de sus hábitats naturales.

La abundancia de ríos, lagunas y pantanos ha favorecido históricamente la presencia de estos animales. No obstante, la modificación de sus espacios naturales ha alterado las condiciones necesarias para su alimentación, refugio y reproducción. A ello se suma la extracción de ejemplares silvestres, una práctica que afecta seriamente a las poblaciones cuando la captura supera su capacidad de recuperación. El problema adquiere mayor importancia porque algunas tortugas requieren varios años para desarrollarse, lo que dificulta la recuperación de sus poblaciones.

En la Unidad de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre del Centro de Investigación para la Conservación de Especies Amenazadas (UMA CICEA), ubicada en la División Académica de Ciencias Biológicas, se estudian los procesos de reproducción y crecimiento de distintas especies. Los trabajos comprenden la evaluación de dietas balanceadas, el seguimiento de las etapas de anidación e incubación, el monitoreo de la calidad del agua y la vigilancia sanitaria de los ejemplares, con el propósito de mejorar las condiciones para su desarrollo y supervivencia.

La doctora Judith Rangel Mendoza explicó que algunas tortugas necesitan entre cuatro y cinco años para alcanzar determinadas etapas de crecimiento, circunstancia que representa uno de los principales desafíos para establecer sistemas de crianza. Las investigaciones buscan mejorar su alimentación y conocer los factores que intervienen en su reproducción, particularmente en especies como la tortuga blanca y el chiquiguao, cuyo manejo requiere procedimientos especializados y conocimientos precisos sobre sus necesidades biológicas.

Por su parte, la doctora Claudia Elena Zenteno Ruiz destacó la estrecha relación cultural y gastronómica que mantienen las comunidades tabasqueñas con estos reptiles. Desde esa perspectiva, la reproducción en cautiverio constituye una alternativa para disminuir la captura de animales silvestres y favorecer un aprovechamiento sustentable mediante unidades de producción registradas y sujetas a la normatividad correspondiente. 

Aunque la reproducción en cautiverio ofrece posibilidades, la protección de las tortugas depende igualmente de la conservación de los humedales donde habitan. 

El desafío de la investigación universitaria consiste en trasladar los conocimientos obtenidos en los espacios de conservación hacia prácticas que produzcan resultados fuera de ellos. Mejorar las técnicas reproductivas, desarrollar sistemas de crianza sustentables y contribuir a la protección de las poblaciones naturales son objetivos que requieren continuidad y evaluación científica. 

El verdadero alcance de estos esfuerzos no estará solamente en conseguir que nazcan más tortugas bajo cuidado humano, sino en generar las condiciones para que sus poblaciones puedan mantenerse en los ríos, lagunas y pantanos de Tabasco, algo que deben comprender los habitantes ribereños, pero más quienes gustan saborear los platillos que provocan estas especies.

12-10-2026 /ADS