El Jahuactal: una batalla local en la defensa de la República

Parte I

En la historia de México hay batallas cuyo significado rebasa con mucho el espacio donde fueron libradas. La de El Jahuactal, ocurrida el 1 de noviembre de 1863 en las inmediaciones de Cunduacán, Tabasco, es una de ellas. Fue un combate de dimensiones relativamente reducidas frente a las grandes operaciones militares de la Segunda Intervención Francesa, pero tuvo consecuencias decisivas para la resistencia republicana en Tabasco. Su importancia se comprende mejor cuando se observa el contexto nacional, la situación particular del estado y la cadena de acontecimientos que condujo, tres meses después, a la recuperación de San Juan Bautista.

México en guerra

El país llegó a 1863 profundamente debilitado. La Guerra de Reforma (1858-1861) había enfrentado a liberales y conservadores y dejado al erario en una situación crítica. El gobierno de Benito Juárez García suspendió temporalmente el pago de la deuda pública, medida que sirvió de argumento para la intervención de Francia, España y Gran Bretaña. Las dos últimas potencias abandonaron la empresa después de negociar con el gobierno mexicano; Francia, en cambio, decidió continuarla y convertir la intervención financiera en un proyecto político y militar de mayor alcance.

La derrota francesa del 5 de mayo de 1862 en Puebla no detuvo la ofensiva. Al año siguiente, un ejército francés reforzado tomó Puebla y avanzó hacia la Ciudad de México. El gobierno republicano abandonó la capital y emprendió un largo recorrido hacia el norte, manteniendo la continuidad institucional de la República. Al mismo tiempo, los grupos conservadores promovieron la instauración de una monarquía y posteriormente ofrecieron la corona a Maximiliano de Habsburgo.

Así, durante 1863 México no tenía solamente un conflicto entre dos ejércitos. Se enfrentaban proyectos políticos diferentes: la República constitucional defendida por el gobierno de Juárez y el proyecto imperial respaldado militarmente por Francia y por sectores conservadores mexicanos. La guerra se extendió por buena parte del territorio y obligó a las fuerzas republicanas a combinar operaciones militares convencionales con formas de resistencia local y guerra de guerrillas. El Archivo General de la Nación conserva documentación que muestra la amplitud de aquella resistencia.

Tabasco ante la intervención

En ese escenario nacional, Tabasco adquirió una importancia estratégica particular. El control de sus ríos, costas y vías de comunicación permitía enlazar el litoral del Golfo con el interior de la península de Yucatán y con las regiones vecinas. La capital, San Juan Bautista, constituía además el centro político y administrativo del estado.

Las fuerzas intervencionistas avanzaron sobre Tabasco durante 1863. El 15 de marzo ocuparon el puerto de Frontera y el 18 de junio atacaron San Juan Bautista. El bombardeo y el avance de las tropas obligaron a las autoridades republicanas a abandonar la capital. Eduardo González Arévalo quedó al frente del gobierno impuesto por los intervencionistas, mientras las autoridades constitucionales se replegaron hacia otras zonas del estado.

La ocupación, sin embargo, no significó la desaparición de la resistencia. En distintos puntos de Tabasco comenzaron a organizarse fuerzas republicanas. Entre quienes asumieron esa lucha estuvieron Andrés Sánchez Magallanes, Gregorio Méndez Magaña, Lino Merino Marcín,  Eusebio Castillo Zamudio y los Hermanos Bastar Zozaya. El movimiento no nació de un único foco ni estuvo formado inicialmente por un ejército profesional: fue reuniendo hombres, armas y recursos disponibles en distintas poblaciones. El Congreso del Estado de Tabasco señala que Méndez y Sánchez Magallanes llegaron a reunir alrededor de 350 hombres, en buena parte trabajadores del campo que fueron adiestrados para la campaña.

Durante octubre, la resistencia fue ganando posiciones. Comalcalco, Jalpa y otras poblaciones quedaron vinculadas al movimiento republicano. La ocupación de Cunduacán, el 29 de octubre, tuvo especial importancia ya que además de que la localidad era un punto estratégico de la Chontalpa concentraba el capital económico e intelectual de la región y se encontraba relativamente cerca de San Juan Bautista. Desde allí podía amenazarse directamente la capital, a ocho leguas de distancia.

La reacción de Eduardo González Arévalo era previsible. Si recuperaba Cunduacán, podía contener el avance republicano y recuperar la iniciativa.

Fue entonces cuando Gregorio Méndez Magaña decidió aprovechar las características del terreno. El Jahuactal se encontraba en las inmediaciones de Cunduacán, en una zona donde los caminos estaban acompañados por vegetación densa y plantaciones que permitían ocultar a los combatientes. El conocimiento del terreno se convirtió en un recurso militar. (Ricardo de la Peña, historiador)


18-10-2026 /DGCS