Las lagunas que resisten al crecimiento de Villahermosa

Mucho antes de que Villahermosa extendiera sus calles y construcciones, una compleja red de ríos, arroyos y lagunas definía su paisaje natural. De aquel sistema hídrico sobreviven cuerpos de agua que han perdido parte de su extensión y conexiones originales, entre ellos la Laguna de las Ilusiones, cuya superficie histórica superaba las 500 hectáreas y que, tras décadas de crecimiento urbano, se ha reducido a poco más de 229 hectáreas, una transformación que representa la pérdida de más de la mitad de su extensión original.
Esta transformación del paisaje fue abordada en el programa de TV UJAT La ciencia está en los detalles, durante la emisión dedicada a las tres lagunas protegidas de Villahermosa, con la participación del historiador Miguel Ángel Díaz Perera, profesor invitado de la División Académica de Ciencias Sociales y Humanidades (DACSyH), y la bióloga Lilia María Gama Campillo, profesora investigadora de la División Académica de Ciencias Biológicas (DACBiol), quienes analizaron el origen, las modificaciones territoriales y la importancia ambiental de las lagunas de las Ilusiones, del Camarón y de la Lima.
La Laguna de las Ilusiones constituye el ejemplo más representativo de esa relación entre naturaleza y urbanización. Los registros históricos permiten dimensionar esos cambios. Mientras las primeras referencias señalan una extensión superior a las 500 hectáreas, el decreto de protección de 1995 estableció un polígono aproximado de 259 hectáreas y documentos posteriores consignan alrededor de 229 hectáreas de superficie lagunar. Aunque corresponden a referencias y delimitaciones de distintas épocas, estas cifras muestran la magnitud de las transformaciones experimentadas por este ecosistema.
Paradójicamente, mientras perdía superficie, la Laguna de las Ilusiones adquiría una dimensión simbólica que la convirtió en uno de los paisajes más reconocibles de Villahermosa. Díaz Perera explicó que documentos de principios del siglo XX la registran como “Laguna de la Ilusión”, mientras que mapas antiguos permiten plantear hipótesis sobre denominaciones anteriores, entre ellas “Laguna el Macayal”, referencias que forman parte de la memoria territorial de la ciudad.
Su importancia social quedó plasmada en materiales fílmicos de 1934, pertenecientes a la colección de Tomás Garrido Canabal y resguardados en la Cineteca Nacional. En esas imágenes aparecen regatas, kioscos y escenas de convivencia que muestran un entorno donde el agua formaba parte de las actividades cotidianas. Con el paso de los años, espacios como el Parque Tomás Garrido Canabal y el Parque Museo La Venta consolidaron la presencia de la laguna en la identidad cultural, turística y paisajística de la capital.
Sin embargo, detrás de esa imagen emblemática permanece una historia de alteraciones ambientales. El crecimiento urbano no solamente redujo sus márgenes, sino que modificó su funcionamiento hidráulico. Antiguos arroyos como El Cobo, San Sebastián y El Espejo formaban parte de una red relacionada con el río Carrizal, cuyas conexiones fueron interrumpidas o transformadas conforme avanzó la ocupación territorial. Como resultado, la Laguna de las Ilusiones depende actualmente en gran medida de las precipitaciones para su abastecimiento natural.
Las otras dos lagunas protegidas también permiten comprender los efectos de la urbanización. El Parque Ecológico Laguna del Camarón comprende un polígono protegido de aproximadamente 83 hectáreas, mientras que el Parque Ecológico Laguna La Lima abarca alrededor de 35.7 hectáreas, superficies que corresponden a sus respectivas áreas de protección y no exclusivamente a sus espejos de agua. Ambas constituyen remanentes de una geografía donde los humedales, las zonas inundables y los antiguos cauces desempeñaron un papel determinante en la configuración de Villahermosa.
Desde la perspectiva biológica, Lilia María Gama Campillo destacó que estos ecosistemas cumplen funciones que van más allá de su atractivo paisajístico. Las lagunas naturales actúan como espacios de almacenamiento temporal del agua durante las precipitaciones, contribuyen a moderar la temperatura urbana mediante la evaporación y la transpiración de la vegetación, y proporcionan refugio para numerosas especies, entre ellas cocodrilos y aves acuáticas, cuya supervivencia depende de las condiciones ambientales de estos humedales.
La investigadora advirtió que la creciente incertidumbre en los patrones de temperatura y precipitación, asociada al cambio climático, obliga a reconsiderar el papel de las lagunas dentro de la planeación urbana. En una entidad históricamente vinculada a los ciclos de inundación, conservar estos espacios naturales resulta fundamental para reducir la vulnerabilidad de las zonas habitadas, particularmente frente a las lluvias intensas.
La reconstrucción de esta historia depende igualmente de la conservación de mapas, fotografías, estudios técnicos y documentos. En ese propósito adquiere relevancia el Centro Documental de Estudios sobre el Agua, ubicado en el Instituto Juárez, surgido de la colaboración entre la UJAT, la representación estatal de la Comisión Nacional del Agua y El Colegio de la Frontera Sur, donde se preservan materiales que permiten estudiar la evolución del territorio y sus recursos hídricos.
19-10-2026 /DGCS