El Jahuactal: una batalla local en la defensa de la República

 (II parte y última)

En la madrugada del 1 de noviembre de 1863, las fuerzas republicanas ocuparon posiciones a lo largo del Camino Real, después de ser avisados por Abraham de la Cruz trabajador de la finca La Trinidad. Gregorio Méndez Magaña organizó varios grupos para atacar desde los flancos, mientras una reserva y el Estado Mayor permanecían preparados para intervenir. Entre los oficiales que participaron en la acción estuvieron Andrés Sánchez Magallanes y Narciso Sáenz Leyva.

El combate comenzó alrededor de las siete de la mañana. La intención inicial era sorprender a la columna intervencionista, pero la emboscada fue descubierta. Lo que pudo haberse convertido en un enfrentamiento desfavorable terminó transformándose en una acción de iniciativa republicana.

En el combate destacó Jacinto López, de Huimanguillo, cuya actuación alrededor de una pieza de artillería se convirtió posteriormente en uno de los episodios más recordados de la batalla. Las fuerzas republicanas lograron apoderarse de armas y municiones, mientras la formación intervencionista comenzó a perder cohesión. Después de varias horas de combate, hacia las once de la mañana, las fuerzas de Eduardo González Arévalo se retiraron hacia San Juan Bautista.

La victoria no destruyó al ejército intervencionista ni terminó la guerra en Tabasco. Su importancia fue otra: proporcionó a la resistencia armas, municiones, confianza y, sobre todo, una organización militar capaz de enfrentarse nuevamente al adversario.

De El Jahuactal a San Juan Bautista

Después de El Jahuactal, la iniciativa comenzó a pasar a manos republicanas. Las fuerzas intervencionistas se replegaron hacia San Juan Bautista y reforzaron sus posiciones defensivas. Los republicanos, por su parte, continuaron reuniendo tropas y preparando la campaña contra la capital.

La lucha no terminó en noviembre. Durante las semanas siguientes hubo nuevos enfrentamientos y operaciones en distintos puntos de Tabasco. Finalmente, las fuerzas republicanas concentraron sus esfuerzos contra San Juan Bautista. El proceso culminó el 27 de febrero de 1864, cuando las tropas republicanas abandonaron la capital y los intervencionistas se retiraron definitivamente de ella. Las fuentes históricas tabasqueñas presentan la secuencia de El Jahuactal, las operaciones posteriores y la recuperación de San Juan Bautista como una misma cadena de acontecimientos.

Por ello, El Jahuactal debe entenderse no como un episodio aislado, sino como el punto de inflexión de una campaña. La victoria permitió a los republicanos consolidar fuerzas y avanzar desde la resistencia dispersa hacia una operación organizada para recuperar la capital.

Consecuencias para Tabasco y para México

La guerra continuaría hasta 1867 cuando Jonuta, último bastión del Imperio en Tabasco, cayó en manos de los liberales, el 4 de septiembre de 1866, casi al mismo tiempo que el Imperio desaparecía en el Cerro de Las Campanas, Querétaro, el 19 de junio de 1867. En Tabasco, sin embargo, el episodio de El Jahuactal quedó como uno de los momentos decisivos de la campaña de 1863-1864 y como una referencia central para entender cómo la resistencia local se integró en la defensa nacional de la República.

En Tabasco, las consecuencias fueron inmediatas. La victoria fortaleció al movimiento republicano, permitió recuperar armamento y favoreció la reorganización de las fuerzas que meses después expulsarían a los intervencionistas de San Juan Bautista. La experiencia de El Jahuactal también contribuyó a convertir a Gregorio Méndez en el principal jefe militar de la resistencia tabasqueña y a integrar en una misma campaña a combatientes procedentes de distintas regiones del estado.

Su significado fue también político. La recuperación de la capital permitió restablecer el gobierno republicano en Tabasco y convirtió al estado en uno de los primeros territorios donde las fuerzas mexicanas lograron expulsar a los invasores de una capital estatal durante la intervención.

Para México, El Jahuactal no decidió por sí solo el resultado de la guerra. La derrota del Segundo Imperio llegaría cuatro años después, en un proceso mucho más amplio que incluyó la resistencia de numerosos estados, el sostenimiento del gobierno de Juárez y el posterior retiro de las tropas francesas.

Pero su valor histórico reside precisamente en mostrar cómo se construyó aquella victoria nacional: no únicamente mediante las grandes batallas que aparecen en los manuales, sino también mediante combates locales, comunidades movilizadas, jefes regionales y hombres que defendieron la República en territorios alejados de los principales escenarios de la guerra.

El Jahuactal fue, en ese sentido, una batalla tabasqueña con una dimensión nacional. Allí, en un camino de la Chontalpa y aprovechando el conocimiento del territorio, una fuerza republicana logró detener el avance de sus adversarios y abrir el camino hacia la recuperación de la capital. Tres meses después, el 27 de febrero de 1864, San Juan Bautista volvía a estar en manos de la República. La batalla había terminado mucho antes; sus consecuencias, en cambio, apenas comenzaban. (Aportación del Doctor Ricardo de la Peña, historiador DACSyH)

 

25-10-2026 /DGCS